Tema 1: Emociones y obesidad

Introducción emociones y obesidad 

¿Cuántas veces al sentir estrés, ansiedad, tristeza o felicidad has sentido necesidad de comer sólo para sentir alivio? Según los especialistas, más de una persona nos hemos refugiado en la comida alguna vez, pero cuidado, porque cuando ésto se convierte en un hábito, se vuelve imparable y es cuando podemos empezar a depender totalmente de la comida para satisfacer nuestras necesidades emocionales. 

Consulta: 

Salud mental/corporal: La obesidad. n/a, de American Psychological Association. Sitio web: https://www.apa.org/centrodeapoyo/obesidad

Tema 2: Relación entre obesidad y emociones

Por Juan Manuel Romero, Nutriólogo clínico 

La relación que existe entre la obesidad y las emociones es íntima, todo lo que pasa en el interior, está pasando en el exterior y todo lo que está pasando en el exterior pasa en el interior.  

No podemos pretender pensar que no está pasando lo mismo adentro que afuera, nuestro cuerpo simplemente es el reflejo de lo que está sucediendo en nuestra mente y nuestro corazón. Nuestro cuerpo es el sensor de la mente y el corazón y nuestro cuerpo simplemente grita y expresa todo lo que va pasando adentro. 

Existe una relación íntima entre el enojo y el sobrepeso y la obesidad. Cuando nosotros estamos enojados segregamos una sustancia que se llama adrenalina, la adrenalina pone disponible toda la energía que tenemos en nuestro cuerpo con la intensión de que nosotros podamos accionar, es decir, imaginemos que en este momento llega alguien y te empuja, en ese momento tu sueltas adrenalina para que tú puedas accionarte en salir corriendo o en golpear a la persona o en gritarle. 

Pero ¿qué sucedería si todo aquello que te enoja no está ocurriendo en nuestro aquí y en nuestro ahora? Está ocurriendo simplemente en tu cerebro en un futuro que todavía no existe o fue algo que pasó hace mucho tiempo. Tu cuerpo se la pasa segregando esta adrenalina para poderse accionar y que tú puedas resolver y moverte de donde estás sobre una situación que está en un supuesto, que todavía no pasa. 

Cuando las personas suponen que se van a quedar sin trabajo, que su pareja los engaña, que no sucede lo que yo quiero que suceda, sucede un enojo en ti pero que no se acciona y esa adrenalina que se segrega el cuerpo la empieza a acumular y entonces viene otra sustancia que se llama cortisol, recoge esa adrenalina, mete la adrenalina a la célula y se queda ahí guardada y reservada para cuando te suceda eso que supones que sucederá y eso provoca una inflamación celular. 

La inflamación celular es la madre de todas las enfermedades, cuando hay inflamación celular en las células adiposas ocurre la obesidad, cuando hay una inflación celular en la glándula tiroides te da tiroiditis, igualmente dolores de cabeza, colitis, gastritis, estreñimiento y muchas más enfermedades que se manifiestan cuando nosotros nos la pasamos suponiendo cosas que no están ocurriendo en nuestro presente.

Es importante distinguir que no es lo mismo una emoción que un sentimiento, las emociones son súbitas, se sienten en la boca del estómago, son involuntarias y nos sucede a todos, todos los seres humanos las sentimos. 

Las emociones simplemente son, surgen y cuando las pasamos por nuestro código de creencias o por nuestro razonamiento se convierten en un sentimiento, las emociones son todas aquellas que son súbitas: la ira, la envidia, el enojo, el miedo y cuando las transformamos por medio de nuestra razón, se convierten en un sentimiento y es por eso que todas las emociones no se tienen que controlar se tienen que entender, tenemos que aprender a escuchar el mensaje que cada una de ellas tienen en nuestro cuerpo para que nosotros podamos darle la salida adecuada. 

Cada una de las emociones son mensajeros que nos están queriendo decir algo para que nosotros nos accionemos sobre alguna circunstancia en nuestra vida, si nosotros simplemente las atoramos y no las vivimos lo que va a suceder es que nos van a terminar enfermando

Tema 3: Hambre fisiológica y hambre emocional

Por Juan Manuel Romero, Nutriólogo clínico 

El hambre fisiológica es involuntaria, se siente en la boca del estómago, dura en un adulto un promedio aproximado de 20 minutos y después de ese tiempo se desaparece. En un niño promedio, dura aproximadamente 10 minutos y es involuntaria. 

El hambre fisiológica, es una respuesta que tiene el organismo a quererse alimentar y a la sobrevivencia. Cuando nosotros sentimos hambre es porque nuestro cuerpo está necesitado tanto de energía como de nutrimentos para que nosotros podamos hacer nuestras funciones diarias y nuestro cuerpo nos lo va a pedir causando una hipoglucemia a nuestro cuerpo accionando el hambre para que nosotros podamos alimentarnos. 

El hambre emocional es cuando nosotros sentimos un vació en la boca del estómago y va de lo dulce a lo salado, de lo frío a lo caliente y por más que nosotros comemos e ingerimos los alimentos, ésta no desaparece, no se quita porque precisamente es hambre emocional y se le llama apetito, no es hambre es apetito y el apetito tiene que ver con los antojos, tiene que ver con los anclajes y la relación que tenemos con las circunstancias de nuestra vida que nos sucedieron comiendo tal y cual alimento. 

La forma que tenemos los seres humanos para poder distinguir el hambre emocional es haciéndola consciente, es decir, por qué estoy comiendo lo que me estoy comiendo. Es muy común comer ciertos alimentos de manera repetitiva, por lo que tenemos que preguntarnos, ¿por qué como lo que me como? ¿qué es lo que me hace sentir? Me hace sentir acompañado, me hace sentir amado, me hace sentir más fuerte, me hace sentir en familia, me hace sentir que no estoy solo y entonces es donde voy a encontrar las respuestas del por qué estoy buscando las emociones en los alimentos que no me sé dar de otra manera. 

Entonces la única manera que tenemos de distinguir del hambre física es que cuando ingiero alimento se desaparece y el hambre emocional por más que como no se desaparece.

Tema 4: Factores de riesgo para ser un comedor emocional

Por Juan Manuel Romero, Nutriólogo clínico 

Los factores de riesgo que existen para ser un comedor emocional es no aprender a vivir en el aquí y en el ahora. Nosotros tenemos un presente, algunas personas viven pensando en el pasado y otras en el futuro, en lo que no ha sucedió y no pudieron controlar.

Cuando nosotros no podemos controlar el pasado ni el futuro, vivimos en absoluta ansiedad. El pasado hay que aceptarlo, mientras no aceptemos lo que sucedió como sucedió se seguirá viendo en la depresión absoluta y mientras no pensemos que podemos seguir controlando el futuro, se seguirá pensando en manipular todo aquello que viene en nuestra vida y en eso nos hace vivir en ansiedad. 

Para poder vivir en plenitud, para dejar de tener obesidad emocional y tener una dieta emocional saludable, es situarnos en el presente y lograr adaptarnos, entender que nada está en nuestro control más que nuestros pensamientos, el ser humano al querer controlar el clima y que la gente se comporte como yo quiero, nos hace vivir en ansiedad. 

Para poder evitar el hambre emocional, hay que aprender a vivir en el aquí y en el ahora. 

Tema 5: Emociones y obesidad 

Por Elida Paola Pedraza Romero, Psiquiatra 

En el 2013, se ve a la obesidad como una enfermedad de salud pública. En los últimos 10 años se han hecho estudios y se han dado cuenta de que las personas que tienen obesidad, generalmente tienen trastornos psiquiátricos: alteraciones afectivas, alteraciones de ansiedad o alteraciones en la alimentación como puede ser el trastorno por atracón o el comedor nocturno. 

Es muy importante que las personas que tienen obesidad tengan valoración en el aspecto mental. La persona por sí sola no puede empezar a comer mucho, hay atrás ciertos mecanismos, historias de vida que lo llevan a regular la parte de la comida.

Para una persona con obesidad el entender que parte de la obesidad necesita como tratamiento la parte de la esfera mental, es muy complejo poder aceptarlo. A nadie nos gusta que nos digan que no estamos bien desde el aspecto emocional, el reconocer nuestras emociones es muy complejo. Hay que educar y explicar a la persona que junto con la salud física viene de la mano la salud mental. 

El explicarles que generalmente cuando hay alguna alteración como depresión o ansiedad a nivel cerebral se comparten muchos mecanismos con la obesidad y la enfermedad mental. Si no se tratan las emociones estos mecanismos no van a quedar al 100% regulados por lo que puede empezar a hacer dieta pero y no tener resultados, tendrá frustración, dejará el tratamiento y se dará por vencido.

Pero, al contrario, cuando la persona entiende que es necesario atender sus emociones y tener un tratamiento integral, los resultados a largo plazo se logran con mayor éxito. 

Cada caso se tiene que individualizar, lo importante es que el especialista lo refiera con un psicólogo o psiquiatra. Habrá personas con obesidad, pero sin llegar a un cuadro depresivo como tal y en ese momento puede ser adecuado sólo el psicólogo.

Las nuevas reglas o directrices para el manejo de la obesidad es crear equipos multidisciplinarios, en los cuales el psicólogo tiene una gran intervención, pero también es necesario que sean valorados por el psiquiatra, sobre todo pacientes que tienen obesidad grado 2 y 3 si es importante que un psiquiatra los valore y saber que hay detrás de ello. 

Tema 6: Cómo mantener la pérdida de peso

Por Juan Manuel Romero, Nutriólogo clínico 

Para poder mantener la pérdida de peso en los pacientes, es decir, lograr sostener la meta alcanzada, es importante elegir un método que nos enseñe a comer. Existen muchas dietas en el mercado: dietas de moda, dietas que se pasan de mano en mano, la dieta de keto, la dieta de los polvos, ayuno intermitente, etc. y algunas de ellas con un resultado positivo, pero se tiene que elegir un sistema sustentable, quiere decir, que puede ser repetitivo, que se adapta a tu estilo de vida, que es inocuo, que no te hace daño, que va de acuerdo a tu presupuesto y que además se adapta a ti, es decir, que la alimentación tiene que tener una connotación bio-psico-social.

Biológica: porque todo aquello que eliges te tiene que nutrir, tiene que ser suficiente a tu peso, a tu edad, a tu estatura, a tus propias enfermedades. 

Psicológica: porque todo aquello que te comes te tiene que gustar, te tiene que hacer salivar, se te tiene que antojar, tiene que ser una experiencia agradable.

Social: porque aquello que te comes, no te tiene que aislar de tu familia, de tu pareja, de tu mundo. 

Si la alimentación cumple las leyes cognoscitivas (bio-psico-social), se estará hablando de una correcta alimentación.

La única forma que se tiene para que este sistema sea sustentable es elegir un método que esté cumpliendo estas leyes y cuando eliges un método mágico que te baja repentinamente, inevitablemente vas a rebotar porque no es sostenible, no es sustentable que puedas llevar un estilo de vida gastando esa cantidad de dinero o limitando tanto tu alimentación que tengas que tengas que aislarte de tu familia.

El ejercicio es fundamental para poder mantener un peso corporal, va de la mano con la alimentación. No podemos pensar en una vida saludable sin el deporte. Es importante saber que, si no existe una actividad física adecuada a ti, es probable que te puedas lastimar o que puedas alterar demás tu ritmo cardiaco y en lugar de obtener un beneficio puedas tener una consecuencia grave, es por ello que un profesional de la salud tendrá que hacerte una evaluación para que puedas saber qué tipo de ejercicio es el más adecuado para ti para que entonces tengas una alimentación guiada, así como una rutina de ejercicios también adecuada.

Las dietas de moda, de revista, las dietas que no son controladas por un especialista de la salud pone en riesgo tu sistema inmunológico y estamos viviendo en una época donde tenemos que reforzar nuestro sistema inmunológico ya que no se trata solo de un tema estético sino se trata de un tema de salud. No arriesgues tu salud, lo más importante es que aprendas a comer y realizar una rutina de ejercicios siempre guiada por un especialista de la salud.

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