Leer no sirve para nada

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Leer no sirve para nada

Cuando algo se me atora en el pecho suelo buscar un libro.
No lo busco para evitar el llanto sino al contrario, lo hago para llorar en serio, en plan depurativo y desde el fondo del alma. Pero a veces no lloro y es porque me ocurre algo casi mejor: a veces las palabras de un texto forman un dique que me explica y hasta me hace sentir que ser lo que soy, no está tan jodido.
Delinearse a sí mismo es el milagro de la identidad que experimentamos quienes nos hemos encontrado, literalmente, en un libro. O en varios.
Pero es una monserga ir por ahí con la cantaleta pidiendo a los demás que lean porque leer te da tal beneficio, te corrige la mala ortografía, eleva tu atractivo sexual y te llena de cultura, en una de esas hasta es bueno para perder peso y aliviar el dolor de articulaciones.
Es incómoda la competencia de lectores contra no lectores. Lo que digo es que ser los angelitos coronados con la aureola de santo lector despreciando a las huestes del mal que no leen, es en buena medida un dogmatismo y una mamonería que poco o nada sirve para despertar el antojo lector.
A algunos de nosotros, cuando éramos niños y adolescentes que no sacaban la nariz de un libro o un cómic, nos pegaban tres gritos para que soltáramos el distractor y nos regañaban por flojos y buenos para nada, nos mandaban a hacer alguna diligencia o nos imponían una tarea doméstica. Y leer era tan gozoso por eso, porque no servía para nada, porque no tenía ningún objetivo utilitario ni de acumulación de datos para presumir en las redes sociales.
Se equivocan esos promocionales que invitan a pasar veinte minutos al día frente a un libro y que, con el imperativo “lee”, dan la orden para que llenemos nuestras cabezas de letras. Pues no, si esto se parece al sexo o a comer antojitos, sería intolerable que nos dijeran cómo preparar y comernos un taco callejero o un encuentro sexual.
Creo que darle sentido de utilidad a la experiencia de leer, la degrada.
Cada vez me convenzo más de que leer no sirve para nada, por eso hay tanta belleza en ello, por eso es un acto de resistencia contra la imbecilidad de las reglas de lo productivo.
Vuelvo a donde comencé. A mí me ocurre que me encuentro en los libros, que pego un pedacito roto de mi identidad con las historias que leo, pero la identidad es única e intransferible. Así que haré el esfuerzo de guardar silencio como obligación única frente al libro y dejaré que cada quien se coma el taco como se le antoje. O que no se lo coma si no le da la gana.
Esto es En la calle no te calles y yo soy Alma Delia, nos vemos la próxima.

@AlmaDeliaMC

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2017-12-11T11:36:56+00:00