Café, por favor

Café, por favor

Bendita la hora y benditas las milenarias manos que aprendieron a cultivar esa maravilla que llamamos café.
Cuento al café entre mis taras, manías y bálsamos; encaja en todas. Pertenezco al grupo de humanoides que sin tomar un café por la mañana son incapaces de mutar a humanos.

Cuando mis hermanos y yo éramos niños, mi madre evitaba a toda costa que bebiéramos ese veneno porque los niños que toman café no crecen. Nos daban una infamia llamada café de soya. Una calamidad.
Así que descubrí el café auténtico hasta que me fui de casa y creo que ese es el verdadero estandarte de mi emancipación adolescente. Y desde entonces para mí el mundo se divide entre quienes no toman café y quienes sí.
Desde mi muy subjetivo e innecesario punto de vista (como todos los puntos de vista), sí se manifiesta algo de la afinidad de carácter en la preferencia por esta bebida.

El café es un placer dentro de otro y luego dentro de otro y otro. No es sólo el sabor de la bebida, hay mucho más. Por ejemplo a mí me gusta muy muy caliente, fuerte -doble o triple carga-, sin endulzar y con un toquecito de leche o crema; pero el tacto también es importante, me gusta sujetar la taza con las dos manos, y la vista importa porque me prefiero las tazas blancas para servirlo y ver el contraste, qué placer es mirarlo y olerlo antes de dar el primer trago.

Y como soy una hereje que no tiene un solo dios sino muchos –según se ocupe- estoy cierta de que uno de mis dioses es el café. Si hasta puede leerse y predecir el futuro mediante símbolos y yo soy una fanática de la simbología. Puede que no sea una cosa muy científica pero es fascinante; gracias a los ancestros turcos, árabes y gitanos indomables por cultivar esa mancia.

Que si el café tiene propiedades curativas o atenta contra la salud, no me interesa. Abomino de nuestro culto a lo saludable que lo único que refleja es que estamos más enfermos que nunca.
Dice Joan Manuel Serrat: de vez en cuando la vida toma conmigo café y está tan bonita que da gusto verla. Yo creo que todas las tazas de café cuentan una historia, ya sea de insomnio anodino o de mañana luminosa y todo lo que cabe entre medio.

Y como para mí el mundo se pone a girar con el primer trago, no me queda más que desearles que mañana por la mañana, en el fondo de su taza se revele un buen augurio.

Esto es En la calle no te calles y yo soy Alma Delia, nos vemos la próxima

@AlmaDeliaMC

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2017-12-01T17:12:37+00:00